Amadísima Tierra,
estimado planeta
que tanto prodigaste:
¿Qué abominables sombras te circundan?
¿Qué irrefrenables males te atormentan?
Negras nubes rodean tu sagrada bóveda,
como pájaros negros.
La sangre de tus venas
fluye contaminada llena de pestilencia.
¿Son en vano tus quejas?
(Desgarrados glaciares,
dañinos huracanes,
furibundos volcanes
y violentas tormentas...)
La imponente ballena su camino no sabe,
y escasea el zumbido de la crucial abeja.
Ya de yertos blanquean tus radiantes corales.
El desorden del mundo animal se apodera.
La pregunta en la mente
de los hombres subyace:
¿Estaremos a tiempo
de invertir el proceso?
¿Merecieron la pena
tantas comodidades
del llamado "progreso"?
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